Os acordáis de los yogures que tomábamos cuando eramos pequeños? Nada que ver con los actuales. Asi que cuando haciendo limpieza en la despensa de mi madre encontré la vieja yogurtera (nunca se acumulan demasiados cacharros en la cocina, jeje...), no dude en probarla. Pese a llevar un montón de años en el rincón del olvido, sigue funcionando, así que pasaremos de los helados caseros a los yogures caseros, y vuelta a empezar. 


Ingredientes:
500 ml de leche
1 yogur natural
150 ml de café
2 cucharadas de leche en polvo
50 gr de azúcar

Elaboración:

Mezclamos la leche y el yogur, y vamos añadiendo el resto de ingredientes poco a poco, removiendo hasta obtener una mezcla homogénea Lo metemos en la yogurtera y lo dejamos allí unas 8-12 horas (cuanto más mejor) para que trabajen las bacterias, y luego otras 3-4 horas en la nevera para que acabe de fermentar. 


Si no tenéis yogurtera podéis calentar la leche a 90º, luego la quitamos del fuego, y esperamos que se enfríe a 45º, la leche tiene que estar caliente, pero no tanto que mate las bacterias del yogur, esto puede tardar media hora. Cuando alcance esa temperatura echamos una cucharada de yogur, lo removemos bien, y lo dejamos unas 4 horas. Durante este tiempo los fermentos del yogur harán su trabajo. Una vez que han pasado las 4 horas, lo abrimos, escurrimos con cuidado parte del suero (con un colador fino), y removemos un poco con una cuchara para que quede homogéneo. 


Respecto a las proporciones de azúcar y café son orientativas, en el mundo del café todo es personalizable, hay quien le gusta un sabor intenso, hay quien prefiere mucha leche, a quien le gusta más dulce o más amargo... Para los más peques podéis sustituir el cafe por colacao, y seguirá estando delicioso:



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